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domingo, 16 de septiembre de 2012

Por la soberanía nacional con los trabajadores

Por la soberanía nacional con los trabajadores
Pablo González Casanova*
 
En la crisis que vivimos se hace cada vez más necesario asociarse para defender los derechos de los trabajadores, de los campesinos, de los pueblos indios, de los empleados y, sobre todo, de las juventudes. Es necesario unirse en torno a un proyecto de lucha por la soberanía nacional, por los recursos nacionales y por los derechos sociales, culturales, políticos y económicos que los gobiernos neoliberales les han ido conculcado y que pretenden seguirles arrebatando, con un partido de Estado disfrazado de varios partidos con distintos nombres y la misma política de recolonización de México.

Empecemos por no ocultarnos las verdades dolorosas que vivimos. México está importando maíz, gas y gasolina. Es como si Bolivia importara papas, Argentina carne y Francia perfumes.
Estamos por sufrir un nuevo despojo del petróleo, que todavía es fuente de una proporción muy alta de los ingresos fiscales y que era el más preciado patrimonio nacional.
Estamos aumentando cada vez más la inmensa deuda pública, que un día nos van a cobrar los shylocks trasnacionales en condiciones peores que las de España, Italia o Grecia.
Nos seguimos endeudando, tanto en forma rápida y furiosa como lenta y calmada, pero abiertamente impune, todo para comprar armas y mercancías que, lejos de servir a la producción y el desarrollo, inflaman la destrucción y el genocidio nacional, y se usan para pagar las importaciones de maíz y petróleo, antes símbolo y fuerza de nuestra soberanía alimentaria y energética, y garantía, con el Ejército, de la seguridad nacional.
Estamos asignando cada vez menos recursos a la educación y a la investigación científica y humanística, como si el proyecto fuera hacer de México y de su juventud y su niñez un país tan miserable como los más miserables de la Tierra, fuente de explotación de una fuerza de trabajo descalificada, base de dominación de un país de hombres y mujeres perdidos en la ignorancia y en el basurero de desechos de la industria del norte.

Estamos viviendo la crisis de un sistema político y de una clase política que entre la ceguera, el oportunismo y la corrupción priva más y más a los ciudadanos, a los trabajadores y a los pueblos de México de los recursos legales necesarios para luchar y negociar. Y que ahora nos anuncia nuevas medidas por las que pretende privatizar y desnacionalizar aún más la riqueza del petróleo y arrebatar a los trabajadores los derechos que lograron tras una revolución en la que dieron la vida más de un millón de hombres y mujeres, de jóvenes, de niñas y de niños.
Y mientras esto ocurre, la desregulación de los trabajadores se da sin cesar, la depauperación de los campesinos hace que millones padezcan sed y hambre, y es creciente el asedio a los pueblos indios, en especial a los zapatistas, que tratan de construir uno de los proyectos autosostenibles más avanzados y democráticos de la tierra.
Al mismo tiempo las corporaciones mineras y agroindustriales despojan a los habitantes de sus territorios y recursos, empleando cuanto medio es necesario, incluido el terror que por todas partes siembran junto con el megacomercio del narco y con el lavado de dinero de la gran banca de Georgia, de las Islas Caimán y de Wall Street.
Salir de los infiernos que las corporaciones construyen y en los que muchos centroamericanos y mexicanos viven resulta cada vez más difícil, pues a la gran muralla que el gobierno estadunidense levantó para impedir un peligro por sus estrategas previsto, se añaden las matanzas y desapariciones colectivas de braceros mexicanos y centroamericanos que no alcanzan a llegar con vida a la frontera.

Muchos de estos y otros males afectan al conjunto de la nación. Corresponden a algo más que un modelo de desarrollo: son resultado de la política neoliberal y globalizadora de las corporaciones y complejos que dominan el mundo, encabezados por Washington y Wall Street, hechos innegables y ampliamente comprobados, que están haciendo víctimas crecientes hasta en su propio país.
Reconocer la inaceptable realidad en que vivimos, y cobrar conciencia de lo que signfica para nosotros y para nuestros descendientes el futuro que les preparan, es tan necesario como formular un programa mínimo de defensa de los derechos de los trabajadores, de los pueblos, y de los ciudadanos que, uniéndose en torno a la lucha por recuperar y consolidar la soberanía nacional, fortalezca al estado de derecho e impida la criminalizacion de los trabajadores, de los ciudadanos y de los pueblos que defienden sus legítimos derechos y su libertad.

Una nueva lucha por la independencia, una nueva lucha por la democracia real de un pueblo en verdad soberano, tiene que articular a los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios, a los hombres, mujeres, niños y niñas, a los asalariados y no asalariados, regulados y desregulados, precarios, excluidos, desplazados. Tiene que articularlos a todos ellos y proponerse practicar la comunicación, la información, el diálogo y la acción concertada en una organización que junte las redes de los colectivos presenciales y a distancia, y que abarque al conjunto de la nación, vinculando a sus habitantes con los de América Latina y con los del mundo para la lucha por la vida y la libertad. Esa gran organización tendrá que cultivar una vigorosa moral de lucha y de solidaridad, y una voluntad colectiva a la que caracterice la lucidez y la firmeza para defender y decidir el futuro del México y del mundo que queremos, y que podemos hacer… ¡que haremos! ¡y que sin duda ustedes harán!
* Mensaje leído en la sexta Conferencia Sindical Nacional

sábado, 11 de febrero de 2012

DOS VISIONES DEL MUNDO DEL TRABAJO (PRI=PAN)

Dos visiones del mundo del trabajo
Arturo Alcalde Justiniani
Josefina Vázquez Mota suele repetir hasta el cansancio que el país reclama una reforma laboral. En todos los foros señala que con ella se podría facilitar el acceso al mercado laboral y la creación de empleos. Afirma que los jóvenes serían los principales beneficiarios. Nunca va al detalle, rehúye aclarar sus propuestas y su equipo se niega consistentemente a cualquier debate puntual sobre la materia. Cuando se le exige alguna explicación prefiere hacer referencia a grandes objetivos: competitividad, globalización, equidad, fortalecimiento de la impartición de justicia.

¿Cuál es la propuesta del Partido Acción Nacional (PAN) frente a los millones de trabajadores del país? En concreto, ¿cuál es su respuesta frente a los reclamos de millones de mexicanos que día a día ven reducidos sus salarios y que sufren crecientemente la carencia de empleos? No les resultará fácil responder. Quince años atrás la totalidad de su fracción parlamentaria en el Senado, en la LVI Legislatura, propuso un novedoso cambio a la legislación laboral. Sugería promover la productividad sobre bases de concertación entre trabajadores y empresarios para lograr una mejor distribución de beneficios, ampliar la contratación colectiva y, como aspecto fundamental, reformar el sistema de justicia, sustituyendo las juntas de conciliación y arbitraje por jueces de lo social.
Ya en el poder, el PAN cambió radicalmente de opinión. Se olvidó de sus anteriores propuestas y asumió los planteamientos de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) como propios. Josefina Vázquez Mota, asesora en algún tiempo de la Coparmex, según ostenta en su currículum, también hizo suyos los objetivos centrados en facilitar el despido libre y barato, reducir la estabilidad en el empleo, destruir por la vía de la tercerización (outsourcing) la responsabilidad del empleador y mantener los vicios de una justicia ineficiente, haciendo pagar a los trabajadores el costo de su lentitud.

Cabe preguntarse entonces, ¿cómo podrá justificar Josefina en su campaña la propuesta de reducir a seis meses máximo el costo de los salarios de cualquier despido, frente a un escenario de juicios que duran tres o cuatro años? ¿Qué explicación dará a quien le pregunte sobre sus propuestas de promover la subcontratación que sólo garantiza salario mínimo y seguridad social? ¿Cómo justificará su desesperación por coincidir con la propuesta del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y su famosa consigna de firmamos completita la iniciativa, sacrificando de un plumazo los reducidos espacios de su propuesta en materia de libertad y democracia sindical?
Nada fácil será decirle a la población trabajadora que la solución a sus problemas está en reducir su estabilidad laboral, flexibilizar unilateralmente sus condiciones de trabajo y mantener las estructuras sindicales viciadas. Más difícil aún será explicar por qué las propuestas de este PAN son diametralmente distintas a las del otro; la única salida es mantenerse en el grado de abstracción en que ha actuado hasta ahora.
A Enrique Peña Nieto le será también difícil explicar sus propuestas de reforma laboral coincidentes con la propuesta panista. Cuando se le pregunte por qué son tan diferentes las iniciativas de ley presentadas por el PRI en diciembre de 2010 y marzo de 2011, ¿qué respuesta lógica podrá esbozar? ¿Por qué ha apoyado el PRI las propuestas depredadoras de la estabilidad laboral y el modelo de subcontratación que nulifica de tajo los derechos de los trabajadores? ¿Cómo explicar que así se los exigió el Consejo Coordinador Empresarial?

En contraste, existe en el país otra visión del mundo del trabajo que propone reorientar la competitividad por la vía de la productividad con beneficios compartidos, que entiende la importancia de mejorar el salario como un factor que dinamice el mercado interno como lo vienen haciendo otros países; que plantea un nuevo pacto social que propicie conducir la reorganización del trabajo en el nuevo escenario de los mercados, apoyándose en la innovación tecnológica. Esta nueva visión considera la transparencia y la democracia sindical como premisas básicas para lograr una negociación informada y responsable de las condiciones de trabajo.
Como expresión de esta nueva visión basta reproducir algunas palabras de Cuauhtémoc Cárdenas en el acto donde presentó la propuesta programática 2012, el pasado 7 de febrero: proponemos realizar una reforma laboral que promueva una mayor movilidad, no para facilitar el despido como lo demandan los grupos conservadores, sino para corresponderse con las transformaciones que han ocurrido en el mundo del trabajo, como efecto de los avances tecnológicos y la globalización de la economía, que preserve los avances en los derechos laborales logrados en años de lucha, prohíba los contratos de protección, elimine la cláusula de exclusión y la toma de nota, dé transparencia al manejo de los recursos sindicales y garantice los derechos de asociación y negociación colectiva.

Esta posición es coherente con lo planteado por el candidato de las izquierdas a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, tres días antes, frente a los trabajadores electricistas en Villa Nicolás Romero, estado de México, donde resumió como aspectos centrales en materia laboral la urgencia de promover la libertad de asociación y la negociación colectiva como parte de un nuevo modelo de relaciones de trabajo y de una nueva institucionalidad sustentada en organizaciones gremiales democráticas, representativas y autónomas de gobiernos, patrones y partidos políticos.
Lo que se ve claro es que con sus votos los trabajadores del país decidirán su futuro. No se trata de un tema menor, sino de un aspecto clave del que depende en buena medida su calidad de vida y la suerte de sus familias.
En otros países el tema laboral forma parte central del debate en los procesos electorales por su íntima vinculación con las condiciones de vida de la población. Hagamos que en el nuestro también lo sea, para que el día de mañana no nos arrepintamos de haber dado nuestro voto a una opción que claramente atentaba contra nuestros derechos como trabajadores