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jueves, 29 de noviembre de 2012

ESTE ES EL BALANCE DE 12 AÑOS DE PRIANISMO

 balance del nefasto sexenio de Calderón
 
El sexenio calderonista que está por concluir, y el pasado foxista, hijos de la misma estirpe, dejan al país en una situación catastrófica: más endeudamiento con el exterior, más pobreza en la ciudad y el campo, más dependencia económica con el imperialismo estadunidense, más inseguridad social, contrastes difíciles de superar entre una clase minorista privilegiada y una mayoría en la más agobiante pobreza.
Se caracterizó por la mentira, por el incumplimiento de creación de empleos, por ser un gobierno antiobrero y antirrevolucionario, contrario a las leyes fundamentales del país; entregó en manos extranjeras extensas zonas minerales; las privatizaciones en el sector energético estuvieron a la orden del día durante su nefasto sexenio, y se dio una grave y peligrosa pérdida de soberanía alimentaria. Sería largo y tendido cuantificar lo más negativo de su gobierno.
Termina este ciclo y empieza otro; la injerencia en la vida nacional mexicana del gobierno estadunidense debe cesar; la política exterior debe ser más activa, cumpliendo con los preceptos internacionales basados en la cooperación y el respeto recíprocos. Resarcir los daños económicos ocasionados por políticas neoliberales irresponsables y empobrecedoras. O se rectifica el rumbo que hasta hoy ha prevalecido o la paz social estará rompiéndose irremediablemente.
La necesidad de asegurar la gobernabilidad a cualquier precio desató procesos que luego adquirieron vida propia, como la guerra contra el narcotráfico, que se convirtió en un monstruo de mil cabezas, capaz de mostrar hasta qué punto la sociedad mexicana, las instituciones de la República y las élites dirigentes habían perdido el rumbo. México se miró con azoro en el espejo de la barbarie criminal, en la cotidianeidad de una violencia de indescriptible crueldad convertida en código, en expresión de la caída de todo principio moral o racional como sustento de la convivencia: la delincuencia organizada como metáfora trágica de los valores que rigen la competencia en el mercado y el omnipresente afán de lucro premiado en todas las demás esferas de la vida ciudadana. El recurso de poner en tensión las fuerzas del Estado para arrinconar la acción de las bandas fue adoptado sin un diagnóstico serio y flexible en el contexto de la corrupción y la impunidad que carcome la justicia y otros ámbitos institucionales. El gobierno adujo que no tenía opción. O combatir con las armas disponibles a la delincuencia organizada o entregar el Estado a las bandas. ¿No era el solo enunciado del problema la prueba de hasta qué punto las instituciones estaban inmersas en una crisis tan profunda como difícil de soslayar con remedios puntuales, así fueran la movilización militar o la aplicación de tecnologías de última generación? El gobierno y buena parte de sus aliados en la sociedad civil prefirieron ignorar la realidad sin asumir que en la crisis política, la legitimidad del poder (o su ilegitimidad) podía ser compatible con el fortalecimiento de los grandes negocios que detenta una minoría cada vez más reducida en la pirámide social. La lucha contra el narcotráfico no redujo la violencia ni hizo disminuir el delito pero le dio al gobierno calderonista una razón de ser.
La razón de ser no puede aducirse ante la carga de las decenas de miles de muertos que ahí están, aunque la memoria oficial los ignore. Es una losa moral que algún día pasará factura a los grupos que han preferido convivir con la tragedia sin nombrarla, aparentando una normalidad inexistente, oculta bajo la hipocresía del llamado a la modernidad y a las buenas costumbres democráticas.
Ahora, cuando faltan horas para el gran ritual presidencialista de la entrega de la banda tricolor, la propaganda oficial remacha los grandes éxitos obtenidos en rubros importantes como carreteras, salud y otros temas, pero aun así surgen dudas en cuanto a cómo se juzgará a la administración saliente una vez que los nuevos se instalen en los espacios palaciegos. Calderón se va sin entender qué es lo que estaba –y está– en juego. La propuesta de cambiarle el nombre al país y la iniciativa para instaurar la segunda vuelta (bajo una fórmula semiautoritaria) dan cuenta de la frivolidad que incluso a última hora distingue al panismo. Es la falta absoluta de proyecto la que marca sus años de alternancia. Pretender que el balance de un gobierno se mida exclusivamente por la dimensión de algunas obras públicas hace olvidar que México es un país de más de 100 millones de habitantes, con una economía poderosa y atractiva (y apetecible) en el mundo global. Tiene recursos naturales extraordinarios y condiciones geopolíticas únicas para pensar en grande, de modo que las inercias de la actividad económica de por sí arrojan cifras que en otros países resultan inimaginables, pero México tiene un talón de Aquiles: la desigualdad, la terrible polarización que perpetúa la injusticia, la irritación, la desesperanza. Según los datos más optimistas de la Cepal, la pobreza afecta a 35 de cada 100 personas y disminuye más lentamente que en otros países de Latinoamérica. Como quiera, es evidente que años y años de políticas compensatorias han fracasado en la tarea de romper con el círculo vicioso de la pobreza fortaleciendo el empleo como un derecho universal. Lo más grave es que no hay nuevas ideas, un verdadero proyecto de cambio y desarrollo que permita dejar atrás la ruta del estancamiento. La promesa de hacer reformas sin un replanteamiento en serio de los objetivos nacionales llevará, sin duda, a reforzar la integración a la economía trasnacional, pero difícilmente dará cumplimiento a las aspiraciones de la mayoría.
Como hemos visto durante décadas, la estrategia de modernizar el país a partir de mejorar la situación de unas hipotéticas clases medias creadas a modo para darle vida al catecismo económico fracasa no sólo en el terreno de la satisfacción de las necesidades inmediatas sino también, y sobre todo, en el terreno de la cohesión social. La crisis del sistema, como decía nuestro viejo lugar común, no se circunscribe a los cuellos de botella estructurales, sino que recorre de arriba abajo las relaciones sociales, la vida en común, aunque México ya no es el mismo que en 1988 o en 2006. También se tambalea la idea otra vez en boga (gracias al peñanietismo) de vender la modernización como un paraíso al alcance de la mano a partir de la masiva manipulación de los medios como alternativa al voluntarismo parroquial de Felipe Calderón. El debate nacional es imprescindible dentro y fuera del Congreso, en los medios y en la sociedad, pero hay que pasar del regodeo en los sujetos al examen de las ideas, a la confrontación de las opciones programáticas que, en definitiva, distinguen entre sí a las distintas corrientes políticas. Hemos estado demasiado tiempo ensimismados en las formas de la lucha política descuidando los contenidos, las definiciones que no emanan espontáneamente de los liderazgos. Necesitamos, es verdad, una nueva ética para un nueva política, capaz de poner en pie los cimientos de un ciclo histórico de desarrollo. Y tenemos que hacerlo por medios pacíficos antes de que la lógica de la violencia consuma también la voluntad democrática, la fidelidad a la nación.
Mientras, una encuesta arruina el momento del adiós. Se va el PAN y en México se lee menos. En 2006, según datos publicados en este diario, 56 por ciento de los mexicanos decía que leía libros; en 2012 es de 46 por ciento. Al buen lector pocas palabras.

martes, 13 de noviembre de 2012

Poiré y las ratas

Poiré y las ratas
Pedro Miguel
 
Este lunes, en entrevista con este diario, Alejandro Poiré justificaba la desorbitada violencia gubernamental de este sexenio con una parábola cuestionable: la situación que heredó su jefe, dijo, era como si hubiéramos entrado a una casa y nos hubiéramos dado cuenta de que teníamos los cimientos verdaderamente infestados de ratas.
Cuando un funcionario de este país emplea el término ratas para referirse a otros seres humanos, lo más probable es que la expresión resulte contraproducente y desafortunada. Ello es así por varias razones: la primera, la estética, es que la muestra de visceralidad y desprecio hacia un sector de la población –cualquiera que éste sea– suena destemplada en labios de un servidor público. La segunda es que si algunas personas son equiparables a ratas, de ello se desprende una negación contundente de sus derechos humanos, por más que el fanatismo animalista, tan de moda hoy en día, se empeñe en generalizar tales derechos al conjunto de los organismos vivientes del planeta y en negar las diferencias esenciales entre un niño y un hámster.

La tercera es más baladí: con el telón de fondo de la cleptocracia gobernante, el discurso popular asocia casi en automático la palabra rata con funcionario público, no sólo por los casos de enriquecimiento personal inexplicable, de los que sólo una pequeñísma fracción llegan a ser investigados, sino también porque los aparatos gobernantes –el federal en primer lugar, pero también los estatales y los municipales– son y han sido desde hace décadas el instrumento principal para el robo sistemático de propiedad pública en beneficio de intereses corporativos privados.

En 1999 Arturo Montiel lanzó en su campaña para la gubernatura del estado de México la consigna los derechos humanos son para los humanos y no para las ratas, en un aprovechamiento inescrupuloso del terror social a la delincuencia, ya en auge en la entidad por aquel entonces. La propuesta implícita de aquella frase era que para acabar con la delincuencia había que suprimir los derechos humanos de los delincuentes.

A la postre, sin embargo, el propio Montiel terminó convertido en el ejemplar más emblemático de los roedores del erario, toda vez que a su paso por la gubernatura acumuló una fortuna inocultable. Su secretario de administración, sucesor y sobrino, Enrique Peña Nieto, lo protegió de los cargos legales, pero no pudo evitar que la fama pública de su tío haya quedado como antonimia de probidad.

Volviendo a Poiré, su parábola de las ratas constituye una perfecta radiografía de la miseria ética y mental del calderonato. Por principio de cuentas, Calderón y su grupito –incluido el propio Poiré– no llegaron a una casa en calidad de extraños (adonde tuvieron que irrumpir como intrusos y por la puerta de atrás fue, en todo caso, al Palacio Legislativo de San Lázaro), sino que se criaron y surgieron en ella, y en ella fueron alimentados y aupados por Fox, Salinas, Televisa, la embajada de Estados Unidos, la Coparmex, el cacicazgo gordillista y sabrá Dios qué otros poderes fácticos incluso menos presentables; en consecuencia, la metáfora misma introduce la duda de si los calderonistas son exterminadores de plagas o parte de la infestación.
Por añadidura, como todo mundo sabe, las construcciones más proclives a la proliferación de ratas son aquellas en las que se abandonan las normas mínimas de higiene y se acumulan desperdicios. Si se lleva la parábola a sus últimas consecuencias, el exterminio físico de los roedores sólo produce cadáveres –es decir, más basura–, pero, en tanto no se limpie el basural, la plaga será invencible.
Un tercer aspecto problemático de la metáfora es que su autor detenta el cargo de secretario de Gobernación y no es correcto que, en una expresión de montielismo puro, se refiera a un sector de la población como ratas a las que se debe liquidar: los derechos humanos son para los humanos y no para las ratas.

Finalmente, se entiende que cuando dice ratas, Poiré se refiere a los delincuentes. Pero el funcionario no debiera olvidar que en la categoría de infractores de la ley no sólo entran carteristas del metro, asaltantes, secuestradores, violadores y narcotraficantes de todo rango y fortuna, sino también algunos banqueros, gobernadores, presidentes municipales, grandes evasores fiscales, empresarios corruptores, líderes sindicales charros, jefes de policía, arquitectos y operadores de fraudes electorales, legisladores, jueces y acaso hasta uno que otro secretario de Estado, es decir, una parte sustancial del prianismo gobernante del que él mismo forma parte.

navegaciones.blogspot.com
Twitter: @Navegaciones

martes, 4 de septiembre de 2012

El verdadero informe de desgobierno de el Borrachin

CALDEROLANDIA
 
 
México SA
Último show, por fin
La realidad, ausente
Vivir en Calderolandia
Carlos Fernández-Vega
 
 
Desde ayer, millones de mexicanos forman largas filas frente a la residencia oficial, con el fin de obtener visa y así poder residir en el mágico país descrito por el inquilino de Los Pinos en lo que él denominó sexto Informe de gobierno. Equivocada, como siempre, la paisanada pensó que Felipe Calderón le pediría perdón por las barbaridades cometidas durante su sexenio, pero no fue así. En cambio, el susodicho describió las maravillas de calderolandia, y la prole lo escuchó presumir: “trabajamos sin descanso para crear un conjunto de condiciones de bienestar… El corazón del esfuerzo es proporcionar a nuestros jóvenes más y mejores oportunidades de empleo… Nuestra economía no sólo está de pie, sino que avanza firme por la senda de la competitividad, el crecimiento y la generación de empleo… Nos propusimos mejorar los ingresos, las capacidades, las libertades y las condiciones de vida de las familias sin comprometer el patrimonio de las generaciones futuras… Las familias ya no se empobrecen de la noche a la mañana… La economía mexicana es fuerte, está en crecimiento, genera empleo y tiene baja inflación”.
Y se quedó tan tranquilo, pero la mexicanada no, pues concluyó que para sobrevivir no hay de otra que obtener visa para wonderland. Así, Felipe Calderón es al país lo que el IFE y el Trife a las elecciones y a la democracia: sólo éxitos virtuales, ni un solo error, ni una sola inconsistencia, ninguna ilegalidad, ningún delito, ningún exceso, ninguna prueba contundente. La perfección como norma de vida, aunque sea de mentiritas. Así, Calderolandia superó a Foxilandia. La única buena noticia real que aportó el sexto show faraónico del locutor Jelipe es que ya no habrá otro bajo su conducción. La mala, que allí viene el copetón.
Para los habitantes de esta deteriorada República, ¿en serio las cosas marcharon de maravilla en el sexenio de los cuentos? (absténganse de responder). El Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM nos ofrece un paseo por la realidad nacional, única ostentosamente ausente del discurso de Calderón. Va pues: en el país, la situación de los trabajadores es cada día peor. Los pronunciamientos de los funcionarios, de quienes desgobiernan el país y de los que se alistan a continuar con las mismas políticas gubernamentales no muestran en nada la realidad que viven hoy las familias de los trabajadores del campo y de la ciudad. Las familias mexicanas ven cada día cómo su dinero alcanza para menos, y al mismo tiempo deben trabajar más horas para adquirir lo mínimo necesario para alimentarse, a pesar de los discursos y estadísticas oficiales que anuncian que todo va bien.
El sexenio de Calderón terminó con la esperanza de muchos trabajadores mexicanos de mejorar su nivel de vida. Dicha situación no tiene visos de corregirse con el desgobierno entrante (Enrique Peña Nieto), que durante su gestión en el estado de México incrementó 50 por ciento el número de personas que viven de la basura o desperdicios de alimentos, situación que es muestra de una política generalizada que golpea el ingreso de los trabajadores mexicanos. La mágica bonanza presumida por el inquilino de Los Pinos contrasta con el constante ingenio de las familias mexicanas para conseguir el gasto del día. Aun así, ellas han dejado de comprar con la misma frecuencia y calidad varios alimentos como carne, leche, huevo, pan, entre otros. Son cada vez más los alimentos que han dejado de verse en la mesa de los hogares mexicanos, y si se llegan a comprar es una cantidad cada vez en menor.
La canasta básica constitucional integral (CBCI) para una familia promedio en México tiene un precio diario de 940 pesos para cubrir todas las necesidades que marca la Constitución, considerando bienes y productos de primera calidad, es decir, el equivalente a 15.08 salarios mínimos diarios, lo que significa que solamente 1.8 por ciento de la población nacional puede adquirirla diariamente, mientras que al 98.2 por ciento restante no le alcanza ni puede aspirar a tener un nivel de vida de acuerdo con lo estipulado en la Carta Magna. Por sus privilegios y nivel de vida, la clase política no entiende mucho del precario nivel de vida y laboral de los trabajadores mexicanos.
La condición económica de las familias en México se ha deteriorado a tal grado que para mayo de 2012 el 46.88 por ciento de ellas obtiene un ingreso mensual de 6 mil 656.67 pesos, pero incorporando a tres miembros de la familia para ayudar al ingreso mensual, para garantizar diariamente 3.56 salarios mínimos, y sumar entre los tres miembros de la familia 150.67 horas de trabajo. El ingreso mensual de cada uno de los miembros de la familia en promedio es de 2 mil 218.89 pesos, lo que representa tener un empleo en el que la remuneración diaria corresponda a 1.18 por ciento del salario mínimo. Sólo en 2012 (hasta agosto) el calderonato ha dejado un incremento acumulado del precio ponderado diario de la canasta alimenticia recomendable (CAR, la cual sólo considera alimentos básicos) de 12.96 por ciento, y la tendencia se mantiene ascendente, es decir, tres veces por arriba del crecimiento nominal al salario mínimo en el presente año (4.2 por ciento).
La investigación del CAM subraya: Calderón en nada mejoró la situación de los trabajadores. Por el contrario, se caracterizó por mantener aumentos salariales cercanos a 4 por ciento anual, lo que se reflejó en una caída (43.1 por ciento) en el poder adquisitivo de los trabajadores; el salario mínimo nominal en el periodo aumentó 28.06 por ciento; el precio ponderado de la canasta alimenticia recomendable, en 125.37 por ciento. Es más que evidente que la política de Calderón no buscaba mejorar el nivel de vida de los trabajadores; su gobierno entrega peores cuentas que las del mismo Vicente Fox.
Para recuperar la pérdida de poder adquisitivo (43.1 por ciento) registrada sólo con Calderón, y si se mantuviera el incremento salarial promedio de cada año (4 por ciento), se tendrían que congelar los precios de los productos de la CAR durante 47 años y aumentar año con año sólo el salario mínimo diario entre 4 y 5 por ciento. Así, para 2059 el salario mínimo sería de 184.42 pesos y el precio de la CAR de 183.59 pesos. En resumen, tendrían que pasar nueve generaciones de mexicanos para que con un salario mínimo cualquier trabajador pudiera adquirir íntegra la canasta básica de alimentos.
Pero Calderolandia es otra cosa, y ahora debe enfrentar la multitudinaria demanda de visa por parte de la mexicanada.
Las rebanadas del pastel
Fe de erratas: cuando Calderón dice pido a todos los mexicanos que por encima de cualquier diferencia apoyemos en lo esencial al presidente electo de México, debe leerse negocié impunidad con el copetón y a rajarse a su casa.

jueves, 3 de noviembre de 2011

PEÑA NIETO para principiantes (4 minutos)

¿Quién es Peña Nieto?
Octavio Rodríguez Araujo
¿De dónde salió Enrique Peña Nieto? ¿Cómo logró la popularidad que le asocian diversas encuestas? Algunos dicen que su carrera política se inició porque es de Atlacomulco. Este pequeño y poco poblado municipio no sería significativo si en él no hubiera nacido Isidro Fabela, político y diplomático que tuvo gran influencia en su estado. El mérito político de Fabela fue institucionalizar a caciques y políticos de su estado. Pero no formó ningún grupo. Algunos atlacomulquenses se han encargado de darle fama a su municipio permitiendo que se hable del Grupo Atlacomulco al que pertenecen políticos originarios de otros municipios. No es un grupo, sino una red de parientes, amigos y cómplices a menudo enfrentados por decisiones de diversos presidentes de la República.  Hay más ejemplos, pero largos de mención. Conviene decir que muchos de los que fueron adversarios en un momento dado fueron aliados en otras ocasiones. El interés tiene pies”, y en política los intereses son los que cuentan y así como unen separan.

Los Montiel, los Del Mazo, los Peña y los Nieto, en su mayoría de Atlacomulco, tienen nexos de parentesco, y Enrique es su delfín, destacadamente de Alfredo del Mazo González y de Arturo Montiel. Fue criado con esmero para ser gobernador y, de ser posible, Presidente. Arturo Montiel lo ungió para sucederlo en el gobierno del estado; la Universidad Panamericana, del Opus Dei, lo formó como abogado; y el PRI lo hizo miembro desde 1984, cuando tenía 18 años de edad. Por el distrito con cabecera en Atlacomulco fue diputado local y de ahí pasó a candidato para gobernar su estado. Una carrera política, como se ve, de segunda clase, opaca y poco prometedora, pero con parientes muy poderosos en la entidad.

Se dirá que Alfredo del Mazo ya se había retirado de la política desde 1997 cuando perdió sus posibilidades de ser jefe de Gobierno del Dsitrito Federal, pero su red de relaciones en el interior de su estado las ha mantenido. El caso de Arturo Montiel fue diferente: tuvo rivalidad con Roberto Madrazo antes de terminar su periodo de gobierno, pero fue apoyado por políticos relevantes (varios ex gobernadores) para competir en el PRI por la candidatura a la Presidencia. Al grupo en apoyo de Montiel se le llamó Tucom (todos unidos contra Madrazo), pero el presidente del partido y aspirante a candidato presidencial sacó al mexiquense sus trapitos sucios al sol y lo quemó. Peña Nieto, ya como gobernador, le cubrió las espaldas a su pariente y, como ocurre en México, el político quedó libre de cargos de corrupción y de enriquecimiento ilícito.

Como gobernador, ganó fama y reconocimiento, aunque tuvo tropiezos que le restaron popularidad, como el caso Atenco (el de los floristas, no el del aeropuerto) y el de la niña Paulette. Sin embargo, ganó prestigio entre las elites empresariales por “demostrar firmeza” ante los movimientos sociales al margen de las instituciones y por defender a los amigos de su primo, alcalde de Huixquilucan (los padres de Paulette). Se afirma que tiene buena relación con la Iglesia católica del estado, especialmente con Onésimo Cepeda, cuya diócesis (según Wikipedia) es la más poblada del mundo. Quizá la influencia que debe tener este obispo en el Vaticano sirvió para que la Iglesia declarara inexistente el matrimonio de Angélica Rivera con José Alberto Castro y así casarse con Peña Nieto (no lo sé).
Por Angélica Rivera o razones semejantes, Televisa es uno de los medios de difusión de la imagen de Peña Nieto y su matrimonio con La Gaviota le ha dado más popularidad. En un país donde millones de mexicanos viven las fantasías de las telenovelas no es difícil ver a la pareja como un cuento de hadas hecho realidad. La percepción mata a la realidad, y más ahora que ésta no ofrece nada o casi nada positivo a la mayoría de la población.

No pocos grandes empresarios, señaladamente los del estado de México (que son de los más importantes del país), apoyan a su ex gobernador. Y como las encuestas lo revelan como el mejor posicionado, la mayoría de los gobernadores priístas también lo apoyan. En la reciente ceremonia de los dos gobernadores, Peña Nieto y Eruviel Ávila, se vio el poder económico y político de los asistentes. Los toluqueños nunca habían visto tantos helicópteros llevando a invitados. Ahí estaba el dinero y el poder de empresarios y del priísmo renacido gracias al desprestigio que se han ganado el PAN y Calderón.,
Peña Nieto es un joven que aprendió a ser político como gobernador. No es bueno en los discursos, sin un guión sus disertaciones se caen, y tiene ademanes muy estudiados, seguramente ideados por un buen fabricante de imagen. Ideológicamente, tiene muy poco que ver con el partido de sus abuelos. En lo único que se parece a los viejos priístas es en la prepotencia y la vanidad de creer que las pueden de todas todas sin hacer concesiones a los demás, salvo a los más poderosos. Está por un menor intervencionismo del Estado en la economía y las privatizaciones, incluida Pemex. Es un tecnócrata neoliberal, muy del tipo de Salinas de Gortari (quien sin duda lo asesora).

Peña Nieto es más bien un hombre de derecha, por añadidura, autoritario y muy ambicioso. Pertenece a la nueva camada de priístas menores de 50 años, medio juniores y medio yuppies, pragmáticos y buenos negociadores en corto con quien les convenga independientemente de ideologías, siempre que les sirvan para escalar posiciones en sus metas de poder.

Por más que analizo su carrera no encuentro elementos relevantes para explicarme la popularidad que le atribuyen casas encuestadoras. Se dice que su notoriedad se debe a los apoyos que recibe de los medios, principalmente electrónicos, y estoy por aceptarlo como hipótesis… pues no veo otra.