sábado, 4 de febrero de 2012

para que se pongan al dia la historia del pan en los pinos

Ante las elecciones internas que el PAN celebrará mañana, conviene recordar el proceso que ese partido realizó en 2006, cuando contendieron por la candidatura Santiago Creel y Felipe Calderón.
 
Como secretario de Gobernación, Creel contó con la complicidad de la responsable del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), Carmen Segura, quien por eso fue inhabilitada para el servicio público, por desviar recursos, etiquetados para las víctimas de las catástrofes naturales, al cochinito de precampaña del hombre al que Fox llamaba su mariscal de campo.

Además, Creel facilitó que el padrón del IFE quedara en las computadoras de Hildebrando, la empresa de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo, cuñado de Calderón, cuando nadie imaginaba que éste pudiera disputar la candidatura panista.
Pero la vida de Calderón, como esta columna lo ha documentado con largueza, dio un vuelco espectacular en noviembre de 2003, cuando el recién nombrado titular de la Secretaría de Energía se entrevistó con Jeffrey Davidow en La Jolla, California, para hablar acerca del futuro de Pemex.
Usted está sentado en la silla más caliente del gabinete, le dijo Davidow, aludiendo a que Calderón era el encargado de la industria petrolera del país. Y éste, hablando en un inglés que hoy le envidiaría Peña Nieto, confesó que su sueño era ver gasolineras de Pemex en Estados Unidos en cuanto la paraestatal se abriera a la inversión privada.
Antes de lograr aquella entrevista, en la que prácticamente ofreció la privatización de Pemex a cambio del apoyo de Estados Unidos a su candidatura presidencial, Calderón había cabildeado, por medio de Juan Camilo Mouriño, con Repsol, a efecto de plantear a la gasera española un acuerdo similar (mismo que está vigente desde que Mouriño trianguló un contrato para que Perú le venda gas barato a Repsol, y esta firma lo lleve por barco a Manzanillo, Colima, para revendérselo a México muy por encima de su precio real).
Lo que Creel ya no pudo evitar fue que, luego de obtener el apoyo de Estados Unidos y España, Calderón lograra que Hildebrando, su cuñado, le compartiera los datos del padrón del IFE para usarlos en las internas de su partido.

Las crónicas de ese proceso recogieron denuncias de ambos precandidatos: éstos se acusaron mutuamente de incurrir en prácticas fraudulentas como la compra de votos, la alteración de las actas de casilla y muchas otras más.
Lo cierto es que, a pesar de –o más bien mediante– ese cochinero Calderón se impuso y el mariscal de campo de Fox, que había obsequiado a Televisa licencias y más licencias para abrir casas de apuestas a cambio de tiempo aire para su precandidatura, se fue a la concha del ostión o, como decían los clásicos, al ostracismo.
Mañana al fin veremos la luz en torno de la hipótesis que ha venido sosteniendo esta columna, desde que Calderón dejó caer, aquí y allá, que se proponía sacar a Josefina Vázquez Mota de la competencia para favorecer a Ernesto Cordero, y luego convencerlo de que declinara por Marcelo Ebrard (esto, mucho ojo, cuando el hombrecito de Los Pinos y el empresariado para el cual trabaja alentaban la esperanza de que Ebrard rompiera con Andrés Manuel López Obrador y fuera candidato de una coalición PAN-PRD, para la cual los chuchos estaban puestísimos).
Una alianza PAN-PRD no le depararía el triunfo a Ebrard, pero debilitaría a López Obrador y beneficiaría a Peña Nieto. Desfiladero ha sostenido en distintas ocasiones que el pacto celebrado por Salinas y el PAN, y que Zedillo respetó, para que Fox fuese presidente en 2000 y otro panista lo sucediera en 2006, expira en 2012, por lo cual Calderón está obligado, haiga de ser como haiga de ser, a devolverle el poder el PRI.
En los hechos concretos, Calderón no ha cesado de trabajar en este sentido, si bien la realidad distorsionó por segunda vez sus planes: la primera cuando abortó la alianza PAN-PRD, la segunda cuando, en Guadalajara, Peña Nieto reveló que no tiene la capacidad ni la experiencia ni las luces para gobernar el país.
Desde el escándalo de la Feria Internacional del Libro, Peña Nieto supo que no tenía asegurada ni mucho menos la candidatura del PRI, que podía ser relevado y, en forma instintiva, apareció el 11 de diciembre en Huejutla, Hidalgo, ahí donde Luis Donaldo Colosio Murrieta inició su campaña presidencial en 2004, y lo canonizó como santo laico, para acogerse a su protección.

El muy sintomático y repentino homenaje de Peña Nieto a Colosio se dio mientras el gobierno de Calderón, por medio de Conaculta y distintas casas productoras, detrás de las cuales está el ex director de Canal Once, Fernando Sariñana, preparaban a las carreras y saltándose las trancas legales una superproducción de 61 millones de pesos (véase el Desfiladero del sábado pasado) para filmar la película Colosio, que se pretende exhibir antes del primero de junio.
Los resultados de la guerra florida entre los panistas nos permitirán, pues, llegar a reveladoras conclusiones. Para sacar del camino a Vázquez Mota e imponer a Cordero, Calderón podría maniobrar para que su mister Bean de bolsillo triunfe tal como él derrotó a Creel hace un sexenio: por la vía del fraude.
Si esto ocurre, Cordero garantizará que el PAN le allane el camino al PRI (con Peña Nieto o con quien sea), sin descartar que los berrinches de Vázquez Mota y Creel dividan a la ultraderecha católica. Pero también puede ser que la ex secretaria de Educación y Desarrollo Social no sea obstaculizada para ganar, o que se lo permitan a partir de la certeza de que no sólo no molestará a Peña Nieto (o a quien lo remplace) sino que podría ser usada –como Fernández de Cevallos en 1994– para ocupar virtualmente el segundo lugar en las encuestas manipuladoras de Televisa y Los Pinos, a fin de mantener a López Obrador en tercero, un sitio del que el político tabasqueño se encuentra cada vez más lejos, pues al contrario, día a día sube como la espuma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario